Por Nicolás Márquez | 6 de febrero de 2011
Publicado en Polinomics, principal diario opositor en Venezuela
El Kirchnerismo
Horas antes de que Néstor Kirchner muriera, tanto su popularidad como la de su mujer y socia/consorte Cristina Fernández estaban por el subsuelo. Pero tras la repentina noticia del deceso, la sensiblería sociológica de Argentina empezó a venerar al muerto y a solidarizarse con la viuda, la cual sin quererlo ni merecerlo comenzó a recuperar adhesión y consenso. Incluso, sus prosélitos más entusiastas empezaron a clamar la “reelección” de Cristina de cara a las elecciones presidenciales previstas para octubre del año en curso.
Sin embargo, esta repentina popularidad del oficialismo lleva intrínseco el zigzag de lo inmediato, de lo coyuntural, de lo precario, del efecto emocional de un pueblo relativamente culto pero superficial en extremo como lo es el sufragante argentino. Luego, así como en un santiamén el oficialismo subió 20 puntos en “imagen positiva”, esos guarismos favorables empezaron a diluir a medida que el “efecto duelo” se disipaba y la propia Cristina renovaba sus habituales gestos de soberbia e incapacidad política e intelectual.
La oposición
Hoy la lucha política en Argentina es por sobre todas las cosas una guerra por el poder antes que ideológica. Tanto los dos pre-candidatos de la Unión Cívica Radical (UCR) Ricardo Alfonsín (hijo del ex Presidente Raúl Alfonsín) como el Senador Ernesto Sanz (quienes dirimirán de las primarias de la UCR en abril), por identidad y tradición partidaria tienen un esquema mental de izquierda, son socialdemócratas y la propia UCR (a la que sendos caciques pertenecen) forma parte de ese club de teóricos nostálgicos popularmente conocido como la “Internacional Socialista”.
En otro lugar del escenario político, tenemos a los candidatos opositores que integran el espacio conocido como “peronismo disidente”, quienes se presentan en sociedad como los “guardianes de la doctrina peronista” (como si el peronismo fuese una doctrina) bajo el amparo de un sello llamado “Peronismo Federal”. Esta logia, tiene por principal referente al ex Presidente Eduardo Duhalde, conocido caudillo populista que fuera uno de los grandes arquitectos del clientelismo en la inmensa Provincia de Buenos Aires cuando este era su Gobernador. Otro posible candidato que probablemente forje una alianza con Duhalde, es el empresario Mauricio Macri, Alcalde de la ciudad de Buenos Aires, personaje que con tibieza y timidez pretende ofrecer un discurso relativamente centrista apelando a las inversiones y al libre mercado, aunque su gestión comunal esté abarrotada de medidas dirigistas y estatistas.
Mención aparte merecen dirigentes de menor convocatoria como Elisa Carrió (centro izquierda) o Pino Solanas (izquierda nostálgica y delirante). Pero el interrogante que más especulaciones y debates está despertando en el mundillo político argentino, es la posible o eventual candidatura del oficialista Daniel Scioli (sumiso Gobernador de la Provincia de Buenos Aires quien goza de inexplicable popularidad), personaje que proviene de la farándula y del mundo del espectáculo, caracterizado por haber sido siempre muy sumiso a los Kirchner (a pesar de no tener un pelo ni de zurdo ni de chavista) y las sospechas que pesan sobre él en torno a que está pensando “cortarse solo” preocupan en mucho al kirchnerismo reeleccionista mas entusiasta, dado que esta posible deserción acabaría por completo con las chances de la heredera del trono kirchnerista. ¿Acaso Scioli podría traicionar a su jefa Cristina?. No nos olvidemos que se trata de peronistas, cuya filosofía (supuesto que la tengan) se basa en la traición, la delación y la ausencia de escrúpulos.
El mal menor
En suma, el Gobierno de Cristina Kirchner encarna un populismo de izquierda y pretende conservar y prolongar el poder que detenta desde el año 2003 como si este fuese un bien conyugal, ante lo cual se le opone un espacio socialdemócrata como la UCR (primos hermanos del populismo de izquierda) y un filo-peronismo bastante difuso (encarnado por Duhalde y Macri) que representa a un populismo con discurso más descomprometido y vagaroso.
Argentina pareciera seguir negándose a sí misma a transitar el camino que desde hace décadas comenzó Chile y que desde los tiempos de Fujimori viene transitando el Perú. Ni oficialismo ni oposición ofrecen un discurso apegado a la libre empresa sino que todos levantan la bandera del proteccionismo, del “rol de Estado” como garante de la “distribución del ingreso” y todos concuerdan en que se le deben aplicar saqueos a la renta agrícola (eufemísticamente llamada “retención”).
Luego, con pesar advertimos que todos los caudillos “presidenciables” presentan un discurso redundante, repetitivo, monotemático y desprovisto de toda originalidad. ¿Qué ofrece entonces la oposición como elemento diferenciador respecto del kirchnerismo?: ¿acaso ser mas honestos?, ¿respetar la división de poderes?, ¿ser menos confrontativos?. Lo cierto es que la oposición (en cualquiera de sus versiones) acusa al kirchnerismo de no ser un “progresismo auténtico” y esta ofrece ser el “progresismo verdadero”. O sea, los argentinos estamos condenados a elegir entre el “progresismo malo” y el “progresismo bueno”. Pero progresismo es lo que tendremos al fin.
En otras palabras, todo indica que habrá que optar entre “el mal menor”. Disyuntiva que no puede proporcionarnos ninguna esperanza ni ningún entusiasmo. Tal como lo dice el tango, la Argentina pareciera enmarcarse “en la vergüenza de haber sido y el dolor del ya no ser”.
Nicolás Márquez, escritor, periodista, abogado. Ultimo libro del autor “Chávez – de Bolívar al narcoterrorismo”.
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