Pues los “destituyentes”, que son más del 70% de los votantes del país, en los adelantados comicios del pasado domingo acabaron por aplastar de manera fulminante el proyecto político capitaneado por los cónyuges patagónicos, cuyo costo letal arrastró también a la corte de alcahuetes inmediatos del matrimonio de marras, puesto que los adulones antedichos oficiaron de indecorosos títeres aceptando sumisamente parodiar de candidatos “testimoniales” en la derrotada lista bonaerense del oficialismo.
De los cinco distritos electorales más importantes del país, el kirchnerismo salió cuarto en la Provincia de Córdoba, tercero en Santa Fé, cuarto en la ciudad de Buenos Aires, fue destrozado por las tropas de Julio Cobos en Mendoza y como golpe de gracia, en el único bastión en donde la banda kirchnerista podía practicar clientelismo y traficar miseria con total descaro e impunidad, también fue derrotada por la lista de Unión-Pro, encabezada por el empresario (y sepulturero ad hoc) Francisco de Narváez.
Pero Néstor Kichner, aun en su noche más negra, tuvo su golpe de suerte: en Buenos Aires llovió a cántaros y las decenas de miles de ciudadanos “destituyentes” no pudieron abarrotar las calles con banderas argentinas festejando la derrota electoral del despotismo iletrado a manos de las fuerzas republicanas.
Al no poder esconderse en el Calafate (tal como hizo siempre Kirchner ante cada papelón), no le quedó más remedio al patagónico que dar la cara y exponer su adusta efigie ante las cámaras, la cual apareció pasadas las dos de la mañana.
En efecto, en la naciente y oxigenante noche de lunes 29 de junio de 2009, un desencajado Néstor Kirchner secundado por Daniel Scioli y Sergio Massa (cuyos desarticulados rostros hacían coro con el de su mandamás), salió a reconocer la derrota electoral recitando artificialmente un libreto pretendidamente moderado con un forzado tono pastoral apenas contenido y controlado.
Tras seis años de absolutismo, la mayoría absoluta de los votantes del país celebraron con júbilo el haber puesto fecha cierta al final irreversible de un emprendimiento familiar que, salvo rebrote de bipolaridad renunciante, culminará el 10 de diciembre del año 2011 conforme lo normado en la Carta Magna.
Sin embargo, quien parece no haber tomado nota de la tunda electoral, es precisamente la bachiller Cristina Fernández de Kirchner (quien parodia de Presidente de la República bajo las órdenes de su marido), quien la tarde del día siguiente de los comicios, en acotada “conferencia de prensa” (verdadero monólogo sin posibilidad de repregunta) minimizó (prácticamente desconoció) la escandalosa derrota padecida.
Pero más allá del cúmulo de tonterías verbalizadas por la mujer de Néstor (praxis frecuente en susodicha consorte), en las atmósferas de la Patria se respira un inequívoco clima de júbilo gracias al multitudinario voto opositor (“destituyente” según la jerga regiminosa), cuyos sufragistas, independientemente de matices o excepciones, apostaron masivamente a la recuperación del sistema republicano, la propiedad privada y la libertad individual.
Así las cosas, tras la contienda cívica acontecida todo indica que el kirchnerismo (o lo que queda de él), ha quedado convertido, tal como lo dice el tango, en “la vergüenza de haber sido y el dolor del ya no ser”.
(*) Periodista, abogado, escritor.
Próximo libro del autor “El Canalla – la verdadera historia del Che Guevara”. Disponible en las principales librerías en los próximos días.
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